Fuerismo vs foralismo


BURRO-TRAS-LA-ZANAHORIAEn estos días en que el fulgor de la “vía catalana” ha inspirado lo que la Izquierda Abertzale ha venido en denominar “Euskal Bidea” tachando de autonomismtas otros planteamientos de construcción nacional vasca y se desechan las que han sido señas de identidad del nacionalismo vasco durante décadas, no esta de más hacer algunas puntualizaciones en cuanto a la defensa de los Derechos Históricos se refiere…

Conceptos aparentemente sinónimos son realmente antónimos. Es  lo que pasa con los conceptos foralista y fuerista, y me voy a explicar, y esas diferencias, en principio inapreciables acaban teniendo una importancia política fundamental.

El fuerismo entiende el fuero vasco, o los fueros vascos que aunque son varios tienen todos el mismo origen y beben de la misma fuente jurídico política, como la Constitución originaria de este pueblo. Al estilo de la Carta Magna inglesa, firmada en el S. XIII por Juan Sin Tierra a “los hombres libres de Inglaterra” y que con el tiempo se constituyó en la base jurídica del entramado político británico y fuente de inspiración del constitucionalismo anglosajón, el fuero vasco preservó a los vascos de los excesos del feudalismo y el absolutismo, y sirvió para garantizar su pervivencia como pueblo.

Es evidente que estoy hablando del “espíritu” del Fuero, no de su literalidad. En un concepto fuerista, el fuero es el cuerpo jurídico político del que se dota a si mismo el pueblo vasco y por el que se rige, y puede contemplar, o no, fórmulas de colaboración supranacionales, hasta la Ley abolitoria eran con España, y a día de hoy podrían ser con España, con Francia o con la Unión Europea… pero esto solo es la parte discrecional, el “meollo” de la cuestión no es ese, es el reconocimiento de que este país tiene capacidad para legislar sobre si mismo en TODOS los ámbitos, materias y competencias, incluso en las fórmulas de cooperación plurinacional. Todo ello en base a su derecho histórico y su pervivencia como pueblo y nación diferenciado, y esa capacidad, además, no es única ni central corresponde a cada uno de los territorios, ámbitos de decisión intermedios creo que les he llamado en un escrito anterior, que componen lo que los nacionalistas denominamos Euskadi. Así, desde mi óptica se puede ser fuerista y no nacionalista, se puede ser nacionalista y no fuerista, y se puede ser nacionalista y fuerista. Así pues, queda claro que el fuerismo no es encaje amable ni autonomismo, es el reconocimiento de la capacidad normativa integral de un pueblo sobre si mismo y en todos sus ámbitos de relación.

La primera vía, la del fuerismo no nacionalista es la que caracterizó al carlismo, o por lo menos el concepto que utilizó el carlismo para tener éxito entre los vascos y llevarlos a tres degollinas en las que en defensa de los hipotéticos derechos sucesorios de un imbécil, que le vamos a hacer es un defecto extendido en la familia, perdimos nuestro derecho original. Esta vía ha ido perdiendo fuerza a base de engaño y fracaso y, a día de hoy, se refugia en lo que yo denomino foralismo, que trata de preservar una serie de privilegios económicos al servicio de una oligarquía familiar en comunión de intereses, aquí el término cacique alcanza su representación más esplendorosa, a cambio del reconocimiento de la soberanía española y la dejación del derecho original. Es la Navarra Foral y Española de Miguel Sanz y su UPN, y lo que yo considero neocarlismo por su condición de elemento reinterpretador de lo del burro y la zanahoria.

La segunda vía, la del nacionalismo no fuerista tiene su origen, no en Sabino como se ha escrito por ahí, sino por la asunción de conceptos ajenos a la tradición jurídico política vernácula vasca como son el marxismo revolucionario o el concepto de soberanía nacional propio de la revolución francesa miméticos de otros movimientos nacionalistas independentistas europeos. En ambos casos el origen de la sustitución del concepto fuerista es el mismo; el hastío…

El hastío de cuarenta años de Dictadura fascista  que llevó a la creación de ETA, y con ella de todo su entorno sociopolítico y la necesidad de crear un discurso alternativo al dominante en el nacionalismo vasco para lo que se eligió el que estaba de moda entonces y que ha día de hoy  solo es humo salvo en Cuba y en las mentes alucinadas de los dirigentes de la IA y de ETA, y que los ha llevado de ser una parte de la solución a ser el más grave de los problemas.

Y el hastío de la “tomadura de pelo” que ha sido parte del camino estatutario por la no asunción por parte del Estado Español de un concepto autonómico sincero. No olvidemos que España no es un estado autonómico por voluntad del poder central, del nacionalismo español, sino por la presión de los nacionalismos, vasco y catalán principalmente, que “obligo” al poder central a crear un sistema café para todos en el que diluir las reivindicaciones nacionalistas de los denominados nacionalismos históricos. Así, lo que hubiera debido de ser un proceso lógico ordenado y de plazos en el que ir cediendo competencias se ha convertido en un Vía Crucis y en un mercadeo sin fin, digno de un puesto de Top Manta en un “rastrillo” madrileño. Es la solución de la prisa y del “hasta aquí hemos llegado”, yo entiendo que es razonable en su origen pero errónea en sus conclusiones, no porque su solución no pueda ser válida, que si, sino porque no se dan las condiciones ni socio políticas ni territoriales para aplicarla en todo el país, lo que no haría más que ahondar la brecha entre las distintas partes de este y entorpecer el fin principal.

Y por último está la vía nacionalista fuerista cuyo origen está en el discurso de Arana, y aún antes en algunos de los planteamientos, escritos y discursos de Kanpion y la Sociedad Euskara. Desde un concepto fuerista del nacionalismo y respetando la capacidad de los vascos de regirse por sus legezarrak, y me vuelvo a referir al espíritu que no a la letra, y a organizarse desde su propia distribución territorial y sus seis ámbitos de decisión, queremos construir la nación de los vascos, la Euzkadi de Arana, que necesariamente habrá de ser confederal. Por poner un ejemplo, la distribución territorial de escaños del Parlamento vasco será una desventaja para el nacionalismo, pero está en el origen fuerista de ese nacionalismo, y así debe ser y no podemos renunciar a principios en función de oportunidades, y ese es también un concepto fuerista.

Pero ese fuerismo que nos garantizaría la capacidad autorreguladora establece también las fórmulas de colaboración supranacional; el Pacto. Por eso, la fórmula de la Reintegración Foral Plena es la mejor herramienta para la construcción de Euskadi, porque nos garantiza la nación, la autodeterminación y la posibilidad de articular fórmulas de cosoberanía en aquellos territorios donde la composición sociopolítica no permitiría fórmulas de imposición identitaria propias de conceptos soberanistas sin caer en el riesgo de la confrontación permanente y del alargamiento sin fin del conflicto. A mi me parece un simplismo creer que la sustitución, pura y dura, del soberanismo español por el soberanismo vasco vaya a aportar nada a la resolución del puzzle vasco.

Y mucho menos los planteamientos de EH Bildu o los métodos de sus compañeros de viaje…

Ander Muruzabal

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