¿Dónde están el dinero y nuestros derechos?


Con este artículo, Nafar Herria abre sus páginas a la colaboración de un nuevo autor; Mikel Landiribarre.

 “No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”, Albert Einstein.

Desde que comenzara la crisis económica en 2008 se ha inyectado a los bancos y entidades financieras dinero suficiente para solucionar el problema del hambre en el mundo 94 veces. ¿Para qué ha servido…? Desde luego no ha servido para que dejen de morir personas por falta de alimentos o porque no pueden acceder a agua potable en condiciones. Solo por este último concepto mueren 6.000 personas al día en nuestro planeta. Los que tenemos la suerte de vivir en los países más avanzados vemos que tampoco ha servido para solucionar la crisis económica o tan siquiera impedir que ésta se acreciente.

El crédito sigue sin fluir, las PYMES tienen verdaderas dificultades para financiarse, se cierran empresas, el paro no deja de aumentar alcanzando cifras escandalosas y difíciles de soportar, crece el número de parados de larga duración, baja el consumo, los Estados recaudan menos mientras que cada vez son más los que demandan prestaciones sociales como consecuencia del empobrecimiento de la población, se imponen recortes en educación, sanidad, pensiones, etc. La pescadilla que se muerde la cola. Mientras tanto, la generación mejor preparada de la historia tiene que emigrar porque en este país les espera el paro o con mucha suerte sueldos mileuristas o que ni tan siquiera llegan a serlo. Países como Alemania, Reino Unido, Chile, etc. agradecerán todo el esfuerzo que hemos hecho en su formación.

¿Dónde está el dinero capaz de revitalizar y mover la economía? La respuesta es en actividades financieras o de ingeniería. Pedro Luis Uriarte, el que fuera primer consejero vasco de Economía y Hacienda aporta un dato: “el conjunto de las operaciones de derivados ha alcanzado en el último año una cifra de 700 billones de dólares, es decir 11 veces el PIB mundial”. Pongamos un ejemplo por todos conocido que raya lo absurdo y lo escandaloso, el BCE presta dinero a los bancos al 1% para que estos a su vez compren deuda de los Estados al 3, 4, 5, 6%… es decir, los ciudadanos, incluidos aquellos que sufren los desahucios, pagamos esa diferencia con nuestros impuestos. En plena crisis no tienen el menor pudor en engordar de esta manera su cuenta de resultados. En septiembre de 2008, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, propuso refundar el capitalismo sobre unas bases éticas. Ya han pasado más de 3 años y “los mercados” siguen autorregulados, o lo que es lo mismo “sin reglas”, en un mundo globalizado y sometido únicamente al ansia y a la codicia de los grandes tiburones financieros, que nadan a sus anchas, mientras al común de los mortales se le impone todo tipo de recortes y restricciones. ¿Dónde están nuestros derechos, aquellos por los que lucharon durante generaciones y por los que algunos, muchos, vertieron sangre, sudor y lagrimas? A este paso van a terminar todos en el cubo de la basura…

Hay un proverbio chino que nos advierte de que “si no cambiamos de dirección, es probable que acabemos llegando exactamente adonde nos dirigimos”. ¿Por qué entonces ese empeño en dar la misma solución una y otra vez, al mismo problema, cuando está comprobado que no funciona? Alguno pensará que es por puro masoquismo, pero no, ya que quiénes nos recetan austeridad y cercenan nuestros derechos, rara vez se aplican esta misma medicina a ellos mismos. No hace falta ir muy lejos para comprobar esto. En Navarra el Gobierno combina con total descaro recortes con sobresueldos e incrementos salariales como el de Barcina.

Claro que en nuestra mano está también negarnos a tomar su medicina… ¿hasta cuándo vamos a aguantar?

Tal vez si acercáramos las personas que toman las decisiones a aquellos que sufren sus consecuencias cambiaría su punto de vista, el de las primeras. ¿Por qué se empeñan culpar a los mercados de las decisiones que ellos mismos toman, especialmente de las más duras? ¿Para qué y para quién gobiernan? ¿Acaso no está en su mano buscar una salida menos dolorosa que priorice a las personas por encima de los intereses financieros de una minoría?

Es el momento de cambiar nuestra forma de pensar y de actuar, de recuperar valores perdidos como la empatía [la capacidad de ponernos en la piel del otro] y de perder el miedo. Debemos dejar de pensar en la economía como una ciencia basada en números [cifra de déficit, tasa de paro, etc.] La experiencia nos demuestra que no es así, si realmente se basase en los números sería una ciencia exacta, como las matemáticas. Podemos empezar a considerar a  la economía como una ciencia que se basa en las personas y en cómo se relacionan éstas entre sí y con su entorno. Tal vez así encontremos la solución al miedo y a la crisis que nos atenazan. En un tiempo de dificultades como el que vivimos, en el que nos jugamos nuestro futuro, es más necesario que nunca buscar soluciones a problemas reales y concretos, como los desahucios, el paro, los recortes etc. de estar cerca de las personas con cara y ojos, de distribuir la riqueza de una forma mucho más equitativa.

Por Mikel Landiribarre

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