LA TORTILLA DE JAMÓN DE LA IA


Los que hemos trabajado en consultoría empresarial y en el campo de los recursos humanos y la motivación, y a la hora de considerar la actitud de un trabajador con su empresa siempre hemos distinguido entre los conceptos “involucrado” e “implicado”. Al respecto se suele poner el curioso ejemplo de la tortilla de jamón, en la que la gallina está implicada y el cerdo involucrado y donde queda diáfanamente clara la diferencia entre la una y el otro.

Y viene a cuento esto del último “mantra” con que nos regalala Izquierda Abertzale con insistencia digna de mejor causa; “todos somos parte del problema y todos debemos ser parte de la solución” frase que he oído repetir a Jone Goirizelaia o Bakartxo Ruiz estos días y que incluso ha merecido ser retwiteada por el mismísimo Otegi. Hermosa manera de salpicarse de encima la responsabilidad histórica de treinta y cinco años de sangre, sudor y lágrimas en Euskadi.

Porque si, efectivamente todos los vascos nos hemos visto implicados en un conflicto que no era el nuestro y que con la excusa de la “liberación nacional” les ha llevado a torpedear el progreso de este pueblo. Unos han sufrido el asesinato, otros la extorsión, otros el secuestro y el chantaje y los más el amedrentamiento, la falta de libertad y el hastío de la violencia.

Pero no todos estamos involucrados en esta sinrazón. Es evidente, y no lo voy a negar aquí, que en estos años ha habido guerra sucia, detenciones injustificadas, casos de tortura, falta de libertades democráticas e ilegalizaciones a “medida”. Quién ha contestado a una sinrazón con otra está tan involucrado como él en ella. Y serán ellos los que tengan que aportar las soluciones. Los demás podremos ayudar tendiendo puentes, reconciliando y apoyando el diálogo pero jamás corresponsabilizándonos de algo en lo que no hemos participado.

No podemos, como hicimos en la tan venerada transición española, ni olvidar la historia ni reescribirla so pena de caer en los mismos errores y en las mismas falsedades. Solo desde la verdad y desde la asunción de las propias responsabilidades podremos construir una paz justa. Aquí han pasado muchas cosas y ni las unas justifican las otras ni las otras, las unas. Aquí ha habido victimas y todas merecen respeto y recuerdo, pero también ha habido verdugos a los que se puede otorgar perdón pero a los que no se puede premiar con el olvido y no estamos hablando de venganza sino de memoria.

Treinta y cinco años después de la muerte del Dictador hoy renacen con fuerza las teorías negacionistas y se justifican hechos que nunca debieron ocurrir, ¿Estamos dispuestos a que dentro de otros treinta y cinco alguien nos cuente otra versión de lo que nos ha tocado vivir, y sufrir?

Parece que, por fin, estamos cerca de la paz, tendamos puentes, seamos generosos pero no permitamos que ahora, alguien, reescriba la historia. No se trata de vencedores ni vencidos, se trata de reparación, perdón y verdad.

Mandaría huevos, y nunca mejor dicho, que en esa tortilla de jamón que quiere cocinar la Izquierda Abertzale resulte involucrada la gallina y se salga de rositas el cerdo… más que nada porque con esa receta va a ser imposible que hagamos tortilla alguna, a lo más caldo de gallina.

Ander Muruzabal

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